Esta lectura del Evangelio de san Mateo resume todo lo
que el Señor nos pide para vivir profundamente este tiempo de cuaresma como
camino de reconocimiento de nuestra condición pecadora, como tiempo de cambio,
de ayuno, oración y caridad, para abrirnos a la Gracia de la conversión.
La liturgia siempre nos va marcando el camino que debemos
recorrer como iglesia y, después de este tiempo de vacaciones, de relajación,
en el que muchos nos apartamos un poco del Señor, en el que descuidamos algunos
aspectos de nuestra vida en Gracia, el Señor nos dice: que cambiemos nuestra
manera de pensar, de sentir, de trabajar, de proyectarnos, que cambiemos
nuestro corazón, que ya no pensemos solamente en nuestros proyectos personales,
sino en el bien común, en el crecimiento del Movimiento, en poner nuestros
talentos al servicio del Señor.
La cuaresma es justamente un tiempo de revisión de vida (Ver, Juzgar, Actuar),
nosotros nos entrenamos para pasar del vicio a la Virtud; cuando nos alejamos
de Dios caemos en el vicio, en el pecado, estando solos es más difícil volver.
El desafío es levantarse, continuar entrenándonos, pedaleando, porque nosotros
sabemos muy bien que la conversión es un proceso constante, porque todos somos
débiles y siempre estamos en proceso de conversión, nuestro proceso educativo
en orden a la santidad es cíclico, siempre necesitamos cambiar algo, mejorar un
poco más en algún especto, porque Él nos pide un cambio de raíz; un cambio
radical, un nuevo estilo de vida, que no se logra en un P.M., que no se logra
por estar en un equipo, por desempeñar un rol, el llamado a la santidad que Él
nos hace se manifiesta de muchas maneras, desde un servicio al Secretariado,
desde un rol, desde una comisión de trabajo, que son oportunidades para
convertir el corazón, para tener sus mismos sentimientos, sintiéndonos elegidos
y bendecidos, porque la vocación del líder es un don del Espíritu Santo,
depende de nosotros alimentar la vida de Dios en mí, a cada cual se le otorga
la manifestación del Espíritu, y está en cada uno, alimentar la vida de Dios en
nosotros.
La lectura decía: “vivir el ayuno, la limosna y la
oración, no como los hipócritas” que quieren exhibir esas prácticas por el qué
dirán, para quedar bien, para cumplir meramente con la Ley, el Señor nos pide
que realicemos estos sacrificios en secreto, y “el Padre que ve en lo secreto
nos recompensará”.
¿Cómo tiene que vivir la cuaresma un palestrista? ¿qué
consideraciones especiales tenemos que tener nosotros para aprovechar este
tiempo de conversión?
- Lo primero es vivir la cuaresma desde nuestra mística
de comunión: la meta que Pablo nos propone, es que nos encontremos siempre
unidos en la misma fe, y en el mismo conocimiento de Cristo que nos enseñó:
“Nadie tiene amor más grande que el que da su vida por sus amigos.”
La comunidad es el lugar privilegiado para poner mis
dones y talentos al servicio del otro, en el hermano veo a otro Cristo.
Reunirnos, reencontrarnos, meditar en los misterios de la pasión y muerte de
Cristo el sentido profundo de dar la vida por los demás, “quién pierde su vida
por Mí, la encontrará”, ganará la Vida Eterna. Transitar el desierto en
comunidad, apoyarse en el hermano, expresar nuestras necesidades, nuestras
debilidades, buscar contención y ayuda en la comunidad, es el mejor lugar para
iniciar el camino de reencuentro con el Señor.
- En segundo lugar meditar sobre el sentido paulino de la
oración, el diálogo permanente y creciente con el Señor. La oración es el
centro de la vida donde todos los ambientes confluyen: el trabajo, los amigos,
el apostolado, la historia personal, el contexto donde uno vive, todo eso forma
parte de nuestra oración del corazón, la oración paulina que debemos ejercitar
en esta cuaresma, no es una oración que clausura, que se cierra a nuestras
necesidades personales, Pablo oraba por todos sus hermanos, por todas las
comunidades que fundaba, por eso, es una oración abarcativa, que se abre a los
demás, para transformar su vida.
Pablo nos exhorta a ser perseverantes en la
oración, orar sin cesar; le pide a los romanos que luchen junto a Él en la
oración, esa es nuestra lucha ligada, el creer en el poder de la oración, en la
acción de la Gracia de Dios en nuestras comunidades.
Por eso acrecentar la
oración comunitaria, tener más espacios de oración en comunidad, intercambiar
palancas, compartir las debilidades, hacer revisión de vida, acompañar a las
comunidades que lo necesiten.
Y orar de esta manera, nos ayuda a responder también a la
invitación que nos hace monseñor en esta cuaresma a adquirir una exacta
conciencia de nuestra fe, para reanimarla, purificarla, confirmarla; nos invita
a reflexionar sobre los actos y los contenidos de nuestra fe, la oración diaria
es un acto de fe, es un paso decisivo y necesario en el camino de nuestra
conversión.
- También es importante el ayuno, ayunar es una manera de
decirle a Dios que estamos dispuestos a acomodar todo nuestro ser para poder
darle respuesta a su voluntad.
Lo que estamos expresando mucho más allá de cual sea el
gesto, es nuestro deseo de abandonar lo que nos aparta de Dios; por eso los
Padres de la Iglesia decían “cuando ayunamos, ayunamos de pecado”.
¿De qué cosas me voy a privar? ¿Qué hábitos perjudiciales
voy a dejar de lado? ¿Con quién voy a compartir el fruto de mi ayuno? ¿A quién
voy a ofrecer mi tiempo, mi consejo, mi presencia, mi escucha, mis bienes?
Ayunar es siempre elegir un bien superior, por eso el
ayuno tiene que estar en comunión con Cristo, es un vínculo profundo con la
persona de Jesús, por eso no se puede ayunar cristianamente sin estar en
comunión con El Señor.
La cuaresma es un tiempo para ayunar de las cosas
que nos alejan de Dios, pero recibiendo el Alimento Conveniente: Cristo Vida,
la Eucaristía experimentada en actitudes y hábitos. Aprovechar los espacios que
nos brinda el Movimiento para acercarnos a la Reconciliación, colaborar con las
comunidades misioneras, proponer actividades especiales para vivir el ayuno en
comunidad.
- Otro aspecto importante del tiempo cuaresmal es la
caridad: El himno a la caridad de san Pablo es un programa de vida para crecer
en el amor. La respuesta al amor del Señor es amar al prójimo; el amor es
nuestra ley permanente que nos permite discernir si nos estamos dejando llevar
por el Espíritu
En esta cuaresma el papa Benedicto también nos invita a
reflexionar sobre el corazón de la vida cristiana: la caridad; este es un
tiempo propicio para que, con la ayuda de la Palabra de Dios y de los
Sacramentos, renovemos nuestro camino de fe, tanto personal como comunitario.
Se trata de un itinerario marcado por la oración y el compartir, por el
silencio y el ayuno, en espera de vivir la alegría pascual.
Y hace hincapié en un fragmento de la Carta a los
Hebreos: «Fijémonos los unos en los otros para estímulo de la caridad y las
buenas obras».
“Fijarse en el otro” implica responsabilidad para con el
hermano estar atentos, significa mirar conscientemente, darse cuenta de su
realidad. Con frecuencia prevalece la actitud contraria: la indiferencia o el
desinterés, que nacen del egoísmo, encubierto bajo la apariencia del respeto
por la «esfera privada». Sin embargo hoy el Señor nos sigue pidiendo que seamos
«guardianes» de nuestros hermanos; el gran mandamiento del amor al prójimo nos
exige y urge a tomar conciencia de que tenemos una responsabilidad con el
hermano que es criatura e hijo de Dios. El encuentro con el otro y el hecho de
abrir el corazón a su necesidad son ocasión de salvación y de bienaventuranza.
Nosotros como palestristas, debemos buscar en todo el
bien común; el apóstol Pablo invita a buscar todo lo que «fomente la paz y la mutua
edificación» (Rm 14,19), sin buscar el propio beneficio «sino el de la mayoría,
para que se salven» (1 Co 10,33). Esta corrección y exhortación mutua, con
espíritu de humildad y de caridad, debe formar parte de la vida de nuestras
comunidades: revisar las fortalezas y debilidades de la comunidad, ser motor de
reconciliación, acercarme a los hermanos con quien tengo diferencias, vivir la
fraternidad, ser mediador en situaciones distanciamiento, acercar a los
alejados, invitar a los nuevos.
Justamente el camino pastoral que vamos a recorrer este
año como iglesia en Tucumán nos llama a Vivir la COMUNIÓN MISIONERA DESDE El
INTERÉS POR EL OTRO, ser sensible a sus necesidades, preguntarle por su
angustia. (brindarle contención, empatía).
La experiencia del amor de Jesús y el amor a los hermanos
nos llevan a ser misioneros, a no poder contener esa Vida Nueva dentro de
nosotros y a desgastarnos por llevar ese anuncio a todos. Por eso es
importante, vivir los valores y oportunidades que nos ofrece la arquidiócesis,
conocer y reflexionar sobre el Plan Arquidiocesano de pastoral para vivirlo en
comunidad, profundizar el material que nos ofrecen los distintas pastorales de
acuerdo a la realidad de cada comunidad.
Y finalmente reflexionar en esta cuaresma el sentido de
la cruz pascual, san Pablo dice: “Cristo me envió a evangelizar para que no
fuera vaciada de eficacia la cruz de Cristo”. La cruz es el centro del anuncio
de Pablo, para Él la cruz no se agota en un discurso, en puras palabras, la
cruz se vive, debe asumirse como estilo de vida.
San Pablo sabía mejor que nadie, que seguir al Señor
implica renuncias y sacrificios. Sólo por la cruz se puede llegar a la luz,
porque sin cruz no hay triunfo.
La conversión de Pablo se distingue por ser un encuentro
personal con el Resucitado, él asume la Fe desde un Dios de vivos, un Dios que
ya venció su propia Muerte, por eso la cruz vacía y el desafío de vivir la
fragilidad humana en Dios: “Todo lo puedo en Aquel que me conforta”.
Perseverar asumiendo la cruz es un estilo de vida, que se
muestra con hechos concretos, si sólo nos limitamos a hablar de la cruz o a
venerarla como un distintivo palestrista, la vaciamos de su auténtico sentido,
que es hacerla vida.
Que esta cuaresma nos prepare como Movimiento, para
templar el Espíritu, para preparar el corazón en estos días de desierto, como
lo hizo Jesús antes de iniciar su predicación, y que esta experiencia de
conversión nos permita resucitar a una vida nueva en la alegría de la Pascua.
Mariana C. Vega – PM 62
Coordinadora Movimiento Católico Palestra - Tucumán.
