.- VIVIR LA CUARESMA COMO VERDADEROS PALESTRISTAS - “La caridad de Cristo nos apremia” (2 Cor. 5, 14) - “Fijémonos los unos en los otros para estímulo de la caridad y las buenas obras”(Hb 10, 24)

Leer; Mateo 6; 1 – 6; 16 – 18

Esta lectura del Evangelio de san Mateo resume todo lo que el Señor nos pide para vivir profundamente este tiempo de cuaresma como camino de reconocimiento de nuestra condición pecadora, como tiempo de cambio, de ayuno, oración y caridad, para abrirnos a la Gracia de la conversión.
La liturgia siempre nos va marcando el camino que debemos recorrer como iglesia y, después de este tiempo de vacaciones, de relajación, en el que muchos nos apartamos un poco del Señor, en el que descuidamos algunos aspectos de nuestra vida en Gracia, el Señor nos dice: que cambiemos nuestra manera de pensar, de sentir, de trabajar, de proyectarnos, que cambiemos nuestro corazón, que ya no pensemos solamente en nuestros proyectos personales, sino en el bien común, en el crecimiento del Movimiento, en poner nuestros talentos al servicio del Señor.
La cuaresma es justamente un tiempo de revisión de vida (Ver, Juzgar, Actuar), nosotros nos entrenamos para pasar del vicio a la Virtud; cuando nos alejamos de Dios caemos en el vicio, en el pecado, estando solos es más difícil volver. 
El desafío es levantarse, continuar entrenándonos, pedaleando, porque nosotros sabemos muy bien que la conversión es un proceso constante, porque todos somos débiles y siempre estamos en proceso de conversión, nuestro proceso educativo en orden a la santidad es cíclico, siempre necesitamos cambiar algo, mejorar un poco más en algún especto, porque Él nos pide un cambio de raíz; un cambio radical, un nuevo estilo de vida, que no se logra en un P.M., que no se logra por estar en un equipo, por desempeñar un rol, el llamado a la santidad que Él nos hace se manifiesta de muchas maneras, desde un servicio al Secretariado, desde un rol, desde una comisión de trabajo, que son oportunidades para convertir el corazón, para tener sus mismos sentimientos, sintiéndonos elegidos y bendecidos, porque la vocación del líder es un don del Espíritu Santo, depende de nosotros alimentar la vida de Dios en mí, a cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu, y está en cada uno, alimentar la vida de Dios en nosotros.
La lectura decía: “vivir el ayuno, la limosna y la oración, no como los hipócritas” que quieren exhibir esas prácticas por el qué dirán, para quedar bien, para cumplir meramente con la Ley, el Señor nos pide que realicemos estos sacrificios en secreto, y “el Padre que ve en lo secreto nos recompensará”.
¿Cómo tiene que vivir la cuaresma un palestrista? ¿qué consideraciones especiales tenemos que tener nosotros para aprovechar este tiempo de conversión?
- Lo primero es vivir la cuaresma desde nuestra mística de comunión: la meta que Pablo nos propone, es que nos encontremos siempre unidos en la misma fe, y en el mismo conocimiento de Cristo que nos enseñó: “Nadie tiene amor más grande que el que da su vida por sus amigos.”
La comunidad es el lugar privilegiado para poner mis dones y talentos al servicio del otro, en el hermano veo a otro Cristo. Reunirnos, reencontrarnos, meditar en los misterios de la pasión y muerte de Cristo el sentido profundo de dar la vida por los demás, “quién pierde su vida por Mí, la encontrará”, ganará la Vida Eterna. Transitar el desierto en comunidad, apoyarse en el hermano, expresar nuestras necesidades, nuestras debilidades, buscar contención y ayuda en la comunidad, es el mejor lugar para iniciar el camino de reencuentro con el Señor.
- En segundo lugar meditar sobre el sentido paulino de la oración, el diálogo permanente y creciente con el Señor. La oración es el centro de la vida donde todos los ambientes confluyen: el trabajo, los amigos, el apostolado, la historia personal, el contexto donde uno vive, todo eso forma parte de nuestra oración del corazón, la oración paulina que debemos ejercitar en esta cuaresma, no es una oración que clausura, que se cierra a nuestras necesidades personales, Pablo oraba por todos sus hermanos, por todas las comunidades que fundaba, por eso, es una oración abarcativa, que se abre a los demás, para transformar su vida. 
Pablo nos exhorta a ser perseverantes en la oración, orar sin cesar; le pide a los romanos que luchen junto a Él en la oración, esa es nuestra lucha ligada, el creer en el poder de la oración, en la acción de la Gracia de Dios en nuestras comunidades. 
Por eso acrecentar la oración comunitaria, tener más espacios de oración en comunidad, intercambiar palancas, compartir las debilidades, hacer revisión de vida, acompañar a las comunidades que lo necesiten.
Y orar de esta manera, nos ayuda a responder también a la invitación que nos hace monseñor en esta cuaresma a adquirir una exacta conciencia de nuestra fe, para reanimarla, purificarla, confirmarla; nos invita a reflexionar sobre los actos y los contenidos de nuestra fe, la oración diaria es un acto de fe, es un paso decisivo y necesario en el camino de nuestra conversión. 
- También es importante el ayuno, ayunar es una manera de decirle a Dios que estamos dispuestos a acomodar todo nuestro ser para poder darle respuesta a su voluntad.
Lo que estamos expresando mucho más allá de cual sea el gesto, es nuestro deseo de abandonar lo que nos aparta de Dios; por eso los Padres de la Iglesia decían “cuando ayunamos, ayunamos de pecado”.
¿De qué cosas me voy a privar? ¿Qué hábitos perjudiciales voy a dejar de lado? ¿Con quién voy a compartir el fruto de mi ayuno? ¿A quién voy a ofrecer mi tiempo, mi consejo, mi presencia, mi escucha, mis bienes?
Ayunar es siempre elegir un bien superior, por eso el ayuno tiene que estar en comunión con Cristo, es un vínculo profundo con la persona de Jesús, por eso no se puede ayunar cristianamente sin estar en comunión con El Señor.
La cuaresma es un tiempo para ayunar de las cosas que nos alejan de Dios, pero recibiendo el Alimento Conveniente: Cristo Vida, la Eucaristía experimentada en actitudes y hábitos. Aprovechar los espacios que nos brinda el Movimiento para acercarnos a la Reconciliación, colaborar con las comunidades misioneras, proponer actividades especiales para vivir el ayuno en comunidad.
- Otro aspecto importante del tiempo cuaresmal es la caridad: El himno a la caridad de san Pablo es un programa de vida para crecer en el amor. La respuesta al amor del Señor es amar al prójimo; el amor es nuestra ley permanente que nos permite discernir si nos estamos dejando llevar por el Espíritu
En esta cuaresma el papa Benedicto también nos invita a reflexionar sobre el corazón de la vida cristiana: la caridad; este es un tiempo propicio para que, con la ayuda de la Palabra de Dios y de los Sacramentos, renovemos nuestro camino de fe, tanto personal como comunitario. Se trata de un itinerario marcado por la oración y el compartir, por el silencio y el ayuno, en espera de vivir la alegría pascual.
Y hace hincapié en un fragmento de la Carta a los Hebreos: «Fijémonos los unos en los otros para estímulo de la caridad y las buenas obras». 
“Fijarse en el otro” implica responsabilidad para con el hermano estar atentos, significa mirar conscientemente, darse cuenta de su realidad. Con frecuencia prevalece la actitud contraria: la indiferencia o el desinterés, que nacen del egoísmo, encubierto bajo la apariencia del respeto por la «esfera privada». Sin embargo hoy el Señor nos sigue pidiendo que seamos «guardianes» de nuestros hermanos; el gran mandamiento del amor al prójimo nos exige y urge a tomar conciencia de que tenemos una responsabilidad con el hermano que es criatura e hijo de Dios. El encuentro con el otro y el hecho de abrir el corazón a su necesidad son ocasión de salvación y de bienaventuranza.
Nosotros como palestristas, debemos buscar en todo el bien común; el apóstol Pablo invita a buscar todo lo que «fomente la paz y la mutua edificación» (Rm 14,19), sin buscar el propio beneficio «sino el de la mayoría, para que se salven» (1 Co 10,33). Esta corrección y exhortación mutua, con espíritu de humildad y de caridad, debe formar parte de la vida de nuestras comunidades: revisar las fortalezas y debilidades de la comunidad, ser motor de reconciliación, acercarme a los hermanos con quien tengo diferencias, vivir la fraternidad, ser mediador en situaciones distanciamiento, acercar a los alejados, invitar a los nuevos.

Justamente el camino pastoral que vamos a recorrer este año como iglesia en Tucumán nos llama a Vivir la COMUNIÓN MISIONERA DESDE El INTERÉS POR EL OTRO, ser sensible a sus necesidades, preguntarle por su angustia. (brindarle contención, empatía).
La experiencia del amor de Jesús y el amor a los hermanos nos llevan a ser misioneros, a no poder contener esa Vida Nueva dentro de nosotros y a desgastarnos por llevar ese anuncio a todos. Por eso es importante, vivir los valores y oportunidades que nos ofrece la arquidiócesis, conocer y reflexionar sobre el Plan Arquidiocesano de pastoral para vivirlo en comunidad, profundizar el material que nos ofrecen los distintas pastorales de acuerdo a la realidad de cada comunidad.
Y finalmente reflexionar en esta cuaresma el sentido de la cruz pascual, san Pablo dice: “Cristo me envió a evangelizar para que no fuera vaciada de eficacia la cruz de Cristo”. La cruz es el centro del anuncio de Pablo, para Él la cruz no se agota en un discurso, en puras palabras, la cruz se vive, debe asumirse como estilo de vida.
San Pablo sabía mejor que nadie, que seguir al Señor implica renuncias y sacrificios. Sólo por la cruz se puede llegar a la luz, porque sin cruz no hay triunfo.
La conversión de Pablo se distingue por ser un encuentro personal con el Resucitado, él asume la Fe desde un Dios de vivos, un Dios que ya venció su propia Muerte, por eso la cruz vacía y el desafío de vivir la fragilidad humana en Dios: “Todo lo puedo en Aquel que me conforta”.
Perseverar asumiendo la cruz es un estilo de vida, que se muestra con hechos concretos, si sólo nos limitamos a hablar de la cruz o a venerarla como un distintivo palestrista, la vaciamos de su auténtico sentido, que es hacerla vida.
Que esta cuaresma nos prepare como Movimiento, para templar el Espíritu, para preparar el corazón en estos días de desierto, como lo hizo Jesús antes de iniciar su predicación, y que esta experiencia de conversión nos permita resucitar a una vida nueva en la alegría de la Pascua.

Mariana C. Vega – PM 62
Coordinadora Movimiento Católico Palestra - Tucumán.