Recuerdo
cuando tenía 16 años y mi mejor amiga me proponía que la acompañe a reuniones
en la Capilla Madre de la Divina Gracia en el Barrio San Martín. Admito que
siempre tuve formación cristiana, pero nunca me sentí identificada con Dios.
Sin embargo, acepté acompañarla y de
a poco me iba interesando más por esa gente que en esa Capilla encontraba y que
tanta alegría y entusiasmo nos
contagiaba. Sinceramente, mis compañeros de Comunidad y yo,
No
entendíamos mucho lo que los mayores hablaban, pero no nos importaba porque
sólo queríamos jugar y divertirnos. Fueron pasando los años, fueron pasando
convivencias, encuentros, charlas, historias, locuras, risas... Unos venían,
otros se iban... Después volvían y se iban nuevamente... Y todo era parte de un
aprendizaje que nos iba quedando.
Después
me fui haciendo grandecita en la Comunidad y recuerdo que los mayores no veían
la hora de que muchos terminemos la secundaria jajaja, que locos.
Recuerdo
mi primer año en Psicología, seguía yendo a la Comunidad y por ende ya estaba
"habilitada" para hacer el famoso PM del cual todos hablaban
misteriosamente, de esas situaciones en las que me enojaba porque no entendía
nada jajaja. Varios de los que se habían iniciado en la Comunidad conmigo, ya
habían hecho el PM, entonces puedo asegurar que era muy densa la situación, porque
por un lado todos querían que "suba" a Tacanas, pero por otro, no
entendía por qué le llamaban "subir". A pesar de tanta presión, no me
sentí obligada a hacer el PM, sino que sentí que debía hacerlo porque parecía
importante para mi comunidad, y principalmente para mi.
Subí
al PM, me encontré con mi Dios allá, entendí el mensaje que Él me dio, y volví
dispuesta a todo lo que fuese que ocurriese.
Justo
se daba que la última generación de Timoteo debía irse por motivos de edad, de
realidades. Timoteo estaba en crisis porque si ellos se iban, se perdía la
comunidad. Que valor que tuvieron los ex para pedalear hasta el final. Las
cosas se fueron acomodando y el Espíritu Santo fue obrando en cada uno de
nosotros los "nuevos". Fue tan hermoso que termine esmerándome
siempre un poco más (sin darme cuenta) y termine siendo elegida como
Coordinadora de Timoteo. Fue realmente una bendición para mi haber salido
electa.
Millones
de recuerdos inundaron mi alma, recordar como comencé siendo apostillado y
terminar hoy en día siendo Coordinadora es realmente increíble y uno de los
regalos más hermosos que Dios me dio. Mi alma y corazón se estremecen al pensar
que está en mis manos el poder mejorar y engrandecer a esta Comunidad que es
parte de mi vida, de mi juventud... Y que seguirá siéndolo por muchos años más,
por toda mi vida.
Sofía Macías –
Comunidad Timoteo – PM 82