Comienza el Adviento, el año litúrgico. El tiempo va pasando y con el los ciclos se van haciendo presentes. No deja de ser una nueva posibilidad de reintentar, de reinventar el Regalo que Dios Abba nos hace con la vida.Pero este año algo diferente se me está haciendo presente. En torno a mediados de noviembre y con motivo de una visita a un centro comercial mi hijo pequeño me decía que había que preparar la Navidad, pues los colores rojos, las velas y las bolas del árbol, así lo anunciaban.
Mitad de noviembre, me quede perplejo, iba por la noche por la ciudad, ésta vestía sus mejores luces, como si este año el “niño Jesús” hubiera decidido anticiparse dando un sobresalto a María y a José, haciéndose ochomesino.
Pero cuando llegue a casa nadie hablaba en las noticias, de que unos ángeles se hubieran aparecido a los pastores, o pastoras, anunciando la Buena Nueva.
Parece como si el Adviento no fuera necesario, como si ¡Ya!, hubiera llegado la Navidad.
Parece como si el Adviento no fuera necesario, como si ¡Ya!, hubiera llegado la Navidad.
Me quedé inquieto y surgió la llamada a no quemar etapas, a andar el camino dando un paso detrás del siguiente, a no querer correr antes que andar, a vivir el Adviento antes de la Navidad.
Y brotó en mi corazón la pregunta ¿Qué Adviento?, ¿Qué Navidad?
Las respuestas son evidentes con tan sólo echar una mirada al mundo, a la realidad, que nos está tocando vivir; un Adviento para suplicar la Paz en medio de tanta guerra, un Adviento para clamar por la Justicia embarcados en tanta indignidad injusta, un Adviento para trabajar por la Fraternidad en una realidad de relaciones destrozadas y maltrechas, un Adviento para deshacernos en compartir en medio de las infinitas carestías, un Adviento para acompañar dolores al lado de la infinitud de personas sufrientes... Un Adviento para, conscientes de nuestra pequeñez y finitud, elevar ojos y manos al cielo gritando esperanza…
Puede que las luces, además de consumir demasiado, cieguen nuestros ojos y no nos dejen ver la “Estrella”, pero a pesar de eso deberemos seguir buscándola.
Puede que las luces, además de consumir demasiado, cieguen nuestros ojos y no nos dejen ver la “Estrella”, pero a pesar de eso deberemos seguir buscándola.
Puede que Belén con “su portal”, no estén a la vuelta de la esquina, o sí, pero habrá que encaminar nuestros pasos hacia él.
Puede que el peso de los “regalos”, a veces envenenados por el consumismo, nos resten ligereza. Pero nada, nada, puede separarnos del Amor que se nos regala constantemente y tratar de vivir en Esperanza hacia la Natividad que no deja de producirse.
Que Dios nos conceda el regalo de un Adviento vivido, caminado paso a paso, con humildad y con Esperanza hacia la Navidad, para que Su Reinado no deje de hacerse presente entre todas las personas, Esperando contra toda desesperanza.
JOSÉ LUIS GRAUS PINA
Que Dios nos conceda el regalo de un Adviento vivido, caminado paso a paso, con humildad y con Esperanza hacia la Navidad, para que Su Reinado no deje de hacerse presente entre todas las personas, Esperando contra toda desesperanza.
JOSÉ LUIS GRAUS PINA