Empezamos este año con una idea que no se concretaba por distintos motivos; un lugar para escribir, donde los Palestristas expresen y compartan la Vida.Vamos a aprovechar este espacio para que compartan sus experiencias de EnNaDi, como una forma de prepararnos comunitariamente.
Por eso el nombre de Encuentro, que lo empezamos a realizar desde el momento mismo que Dios puso esa idea en el corazón de los hermanos del Secretariado Nacional y luego se fue desarrollando en reuniones, elecciones de participantes, preparaciones, oraciones, cantos y tantas marchas y contramarchas. Esperamos que sepan gustar con el corazón y el alma porque es un hermano Palestrista el que escribirá sus vivencias.
Y vamos a empezar con alguien que se fue a Europa y luego continuaremos con otros compañeros de camino que nos brindarán su experiencia de vida y de Dios.
Un saludo a todos los palestristas del mundo.
Me llamo Bruno, tengo 26 años y soy de San Miguel de Tucumán. Perseveré cinco años en el movimiento, y en estos momentos me encuentro viviendo en España, trabajando y haciendo un postgrado.
Fue en 2000 cuando Palestra se cruzó en mi camino. Tenía 20 años, un par de dudas y algunas penas. Dos grandes amigos, Emilio y Adolfo me tendieron la mano y, ya saben, lo que suele ocurrir: el Motivador, el Himno, el Camino, la Verdad y la Vida, la emoción, la Reconciliación, el grito al cielo, la paz interior, y el convencimiento profundo de que mi vida había cambiado indefectiblemente para siempre.
Desde entonces, recorrí dentro del movimiento un camino lleno de satisfacciones. Diría que fue duro, por supuesto… la conversión diaria, no? pero prefiero decir que fue maravilloso porque los caminos del Señor son siempre maravillosos, frondosos, exuberantes, llenos de sonrisas acuosas y abrazos con contenido, de desafíos apasionantes que meten miedo, de enseñanzas llenas de simplezas que llenan tu vida de la simple y, a su vez, complejamente poderosa presencia de Dios.
Así fue que el Señor, sabiendo de mis debilidades, me ataba de pies y manos, y no me dejaba huir hacia esos países lejanos que todos tenemos… me llamaba siempre, me convocaba para sus patriadas, me hacía saber de esta manera cómo me amaba y cómo me quería de su lado, y no del otro. Fueron éstas simples muestras de Su Amor las que me mantuvieron siempre a su lado. Y qué otra cosa podía hacer yo, sino caer de rodillas y agradecerle su inmensa Misericordia, su inquebrantable confianza?
Me llamo Bruno, tengo 26 años y soy de San Miguel de Tucumán. Perseveré cinco años en el movimiento, y en estos momentos me encuentro viviendo en España, trabajando y haciendo un postgrado.
Fue en 2000 cuando Palestra se cruzó en mi camino. Tenía 20 años, un par de dudas y algunas penas. Dos grandes amigos, Emilio y Adolfo me tendieron la mano y, ya saben, lo que suele ocurrir: el Motivador, el Himno, el Camino, la Verdad y la Vida, la emoción, la Reconciliación, el grito al cielo, la paz interior, y el convencimiento profundo de que mi vida había cambiado indefectiblemente para siempre.
Desde entonces, recorrí dentro del movimiento un camino lleno de satisfacciones. Diría que fue duro, por supuesto… la conversión diaria, no? pero prefiero decir que fue maravilloso porque los caminos del Señor son siempre maravillosos, frondosos, exuberantes, llenos de sonrisas acuosas y abrazos con contenido, de desafíos apasionantes que meten miedo, de enseñanzas llenas de simplezas que llenan tu vida de la simple y, a su vez, complejamente poderosa presencia de Dios.
Así fue que el Señor, sabiendo de mis debilidades, me ataba de pies y manos, y no me dejaba huir hacia esos países lejanos que todos tenemos… me llamaba siempre, me convocaba para sus patriadas, me hacía saber de esta manera cómo me amaba y cómo me quería de su lado, y no del otro. Fueron éstas simples muestras de Su Amor las que me mantuvieron siempre a su lado. Y qué otra cosa podía hacer yo, sino caer de rodillas y agradecerle su inmensa Misericordia, su inquebrantable confianza?
Aún sin saber si iba a poder cumplir con lo que me pedía, yo decía “SI”, y me daba cuenta, de a poco, de lo grande que pueden ser esas dos simples letras.
Tuve entonces la responsabilidad y el intenso placer de coordinar dos años una comunidad llamada Kénosis, de formar parte del Secretariado de Tucumán un año como coordinador del Equipo Consultivo, Etapa Jovenes, de ser consejero en un par de Pm’s y cocinero en otro par (¡y eso que no sabía diferenciar una chaucha de una acelga!), y de participar en cuanta actividad palestrista se presentara en la semana.
Era mi manera de combatir el buen combate de la Fe, de estar cerca del Señor, de ejercitarme, de hacer esa gimnasia espiritual que, lo sabemos, es la que nos mantiene siempre en pie. Era mi manera de recompensar malamente todo lo que recibía.
Hoy estoy aquí, en España, enfrentando un desafío muy grande, un sueño que tenía hace muchos años y que ahora Dios me permitió cumplir. Y vivir solo, tan lejos del pago y de todos, es una experiencia tremendamente enriquecedora, aunque difícil, y que, de alguna manera, está ligada a mis años como dirigente.
Tuve entonces la responsabilidad y el intenso placer de coordinar dos años una comunidad llamada Kénosis, de formar parte del Secretariado de Tucumán un año como coordinador del Equipo Consultivo, Etapa Jovenes, de ser consejero en un par de Pm’s y cocinero en otro par (¡y eso que no sabía diferenciar una chaucha de una acelga!), y de participar en cuanta actividad palestrista se presentara en la semana.
Era mi manera de combatir el buen combate de la Fe, de estar cerca del Señor, de ejercitarme, de hacer esa gimnasia espiritual que, lo sabemos, es la que nos mantiene siempre en pie. Era mi manera de recompensar malamente todo lo que recibía.
Hoy estoy aquí, en España, enfrentando un desafío muy grande, un sueño que tenía hace muchos años y que ahora Dios me permitió cumplir. Y vivir solo, tan lejos del pago y de todos, es una experiencia tremendamente enriquecedora, aunque difícil, y que, de alguna manera, está ligada a mis años como dirigente.
Hoy no persevero en ninguna comunidad, no tengo reuniones semanales para leer la Biblia, para hacer espiritualidades, no tengo misas “mensuales”, ni palancas que aparecen en mi cama por las siestas. Pero me quedan los valores, las raíces, las enseñanzas, la autodisciplina, las ganas de seguir adelante y de no caer, la lucha inexcusable y diaria, esa férrea perseverancia que a Pablo lo llevó a la santidad, la convicción de mis sueños y de mis anhelos, la necesidad de orar, la oración de mis Hermanos y amigos que están allá, y esa mirada de Cristo que mira al prójimo con amor y como a un hermano, y no como a un competidor o enemigo (esto último, aunque parezca raro, en un país europeo es lo que más impacta).
Decía… me quedó todo eso, y les aseguro que es lo que me mantiene en pie, y no sólo en pie, sino andando. A veces a las caídas, otras veces cansado, pero con un andar cotidiano, humilde pero firme. Todo esto me lo enseñó mi familia, y el Movimiento. Y me hizo falta venirme a estar solo, tan lejos de Tucumán, para darme cuenta de que los lazos que me unían al Movimiento, son los invariables lazos de tus raíces, del amor de Dios que no conoce fronteras geográficas, y que no cambia porque no tengas o no puedas ir a una reunión de movimiento.
Decía… me quedó todo eso, y les aseguro que es lo que me mantiene en pie, y no sólo en pie, sino andando. A veces a las caídas, otras veces cansado, pero con un andar cotidiano, humilde pero firme. Todo esto me lo enseñó mi familia, y el Movimiento. Y me hizo falta venirme a estar solo, tan lejos de Tucumán, para darme cuenta de que los lazos que me unían al Movimiento, son los invariables lazos de tus raíces, del amor de Dios que no conoce fronteras geográficas, y que no cambia porque no tengas o no puedas ir a una reunión de movimiento.
Porque no hay distancia que pueda apagar ese carisma y ese sello que Dios ha dejado en mi corazón.
Hermanos, amigos, palestristas… a la luz de lo que escribo y de mi experiencia aquí en España, soy un convencido de que por más que el destino se bifurque en infinitos caminos, todos ellos terminan, irremediablemente, en los brazos de Jesús. Es en su regazo donde nuestra vida se enaltece.
Hermanos, amigos, palestristas… a la luz de lo que escribo y de mi experiencia aquí en España, soy un convencido de que por más que el destino se bifurque en infinitos caminos, todos ellos terminan, irremediablemente, en los brazos de Jesús. Es en su regazo donde nuestra vida se enaltece.
Es desde allí, sólo desde allí, donde mirar al futuro no dá miedo, sino ganas de enfrentarlo con más pasión todavía.
Un saludo a todos los palestristas el mundo!
Bruno Cirnigliaro - camero14@hotmail.com
Un saludo a todos los palestristas el mundo!
Bruno Cirnigliaro - camero14@hotmail.com