Hola! A propósito del comienzo de otro En.Na.Di, me animo a escribir estas palabras, motivado por un hermano, y por tantos recuerdos que se me amontonan al haberme enterado de que, pronto, otro Encuentro de Dirigentes se realizará en Catamarca.Me acuerdo que me dijeron antes del último Encuentro: “Bruno, vas a ir al En.Na.Di.”. “¿Un E’ qué?”, dije yo. “En.Na.Di., En-cu-en-tro Na-cio-nal de Di-ri-gen-tes” me silabearon otros, quizás pensando que si lo pronunciaban lentamente y por sílabas yo comprendería mejor lo que significaba. “¿Encuentro Nacional de Dirigentes?”, decía yo. Y recuerdo que lo primero que se me vino a la cabeza fue pensar cuándo fue que había entrado a un movimiento piquetero. ¿Qué es eso de Encuentro de Dirigentes?.
Pero, claro, pronto me fui dando cuenta de que aquello no era activismo político (¡y no lo es!), ni terrorismo de estado, ni revolución… aunque, pensándolo bien, algo de revolución tiene, yo diría bastante, teniendo en cuenta cómo va el mundo de hoy. Pero es, sin dudas, la más bella de las revoluciones, la única revolución digna: la del amor, la del AMOR que viene del Padre y que transforma los corazones de los hombres.
“De este Encuentro tienen que salir los políticos del futuro” machacaba Monseñor Marcelo Palentini, arzobispo de Jujuy, cuando nos hablaba en el último En.Na.Di realizado en El Corte, Tucumán. Y recuerdo que lo que más me impactó fue cuando nos dijo: “Este Encuentro no tiene ningún sentido si no genera cambios: en uno mismo primero; luego en la comunidad y más tarde en la sociedad en general”. Claro, me decía yo: ¿Qué sentido tenía cantar como un loco, conocer dirigentes de otros pueblos, rezar, comulgar, dar una charla, o hacer una coreografía o un Mitin, si no era para generar cambios? ¡Era brillante aquello!. Luego de oír eso, se me abrió un abismo de posibilidades, de comprensiones y también de miedos, lógicamente.
Estábamos ahí para generar cambios, para prepararnos para el futuro, para ser los motores de cambio de nuestra sociedad! ¿Qué otro sentido podía tener un En.Na.Di?
Y antes de que el miedo nos invada; antes de preguntarnos cómo podíamos hacer todo aquello, monseñor Palentini terminó diciéndonos: “Quien tiene a Cristo dentro, no puede jamás estar triste”. Estas palabras, tan nítidas, tan claras, son las que se me vienen a la cabeza en estos momentos sin el más mínimo esfuerzo mental. Están ahí, picando todavía, como ayer.
Y un En.Na.Di es eso: es juntarse, es charlar, es debatir, prepararse, orar, cantar, conocerse, crecer como comunidad, pero no para que termine ahí, en el canto, en la oración; sino que es un impulso que nace de la Gracia y que debe estallar en los lugares donde más nos necesitan. Un en-na.di es movimiento!, es un signo más del amor del Padre que quiere que NUESTRA TRINCHERA SEA LA CALLE, como dice tan maravillosamente nuestro Himno.
Ahí comprendí que ésa era la gran revolución. La de ser instrumentos para transformar los corazones de los hombres, la de generar cambios en el pequeño circulo de nuestros ambientes. Y ese camino que el Señor nos marca, ese inmenso desafío necesita de muchos En.Na.Di’s.
Por eso, desde aquí, estando tan lejos, me alegra tanto saber que el Secretariado Nacional se esfuerza en continuar con ese camino trazado. Estallan en mi mente día a día los más lindos recuerdos de todo aquello que vivimos en el último En.Na.Di, en Tucumán y que, sin dudas, me sirve diariamente para aportar mi granito de arena cristiano en los ambientes donde me muevo ahora, tan lejos de mi Tucumán.
No tengo dudas del éxito de este nuevo Encuentro, y desde aquí ofreceré mis humildes oraciones, con el pensamiento puesto en todos ustedes, para que el Señor los acompañe y haga de este nuevo En.Na.Di, el motor de cambio que la sociedad necesita.
Saludos desde España! Bruno – camero14@hotmail.com